24 Mar T+E = Talento + Experiencia
Lugar: Teatro Monumental (Madrid)
Formato: Concierto sinfónico
Programa: Obras de Musgrave, Ellerby y Mendelssohn
Intérpretes: Raúl Sabiote (bombardino), David Fernández (director), Orquesta Sinfónica de RTVE
Fecha: 7 de febrero de 2025
Por: Alessandro Pierozzi
Noticia recuperada de La Voz de Almería
La fórmula de que jóvenes talentos, ganadores, en este caso, del Concurso de Juventudes Musicales, se integren en la programación sinfónica de una orquesta de la historia y prestigio de la de Radio y Televisión Española, y puedan convivir, aprender, aportar y, sobre todo, hacer y disfrutar de la música, es un motivo de enorme alegría y orgullo para todos los y las amantes de la música. Que un joven o un prometedor solista que están velando sus armas desarrollen su arte con la soltura, calidad y, por qué no decirlo, la insólita madurez como la que se (de)mostró en el tercer concierto del Ciclo de Jóvenes Músicos, debería ser noticia –si se tratara de un país con las ideas más claras en cuanto a educación y divulgación musical–, cuanto menos, de apertura en algún medio de comunicación. Pero eso hoy en día, es pedirle peras al olmo. La idea es brillante, necesaria y, hasta diría, que conlleva un cierto toque de melancolía. Ver como grandes maestros de cada una de las secciones de la orquesta se vuelcan, se emocionan, guían y amparan con el máximo afecto, profesionalidad y respeto a jóvenes artistas y, estos, a su vez, responden al reto con la máxima exigencia profesional y personal, buscando ese cobijo, integrándose y agradeciendo con humildad y calidad, es algo impagable.
A pesar de la gélida noche madrileña que pareció infiltrarse en la sala a tenor de la escuálida presencia de un público también algo frío de inicio –quizás habría que revisar las políticas de difusión y bucear en el objetivo de “a NT (Nuevos Talentos) más NP (Nuevos Públicos)”–, la música consiguió triunfar, gracias a la fórmula T+E = Talento + Experiencia. Y eso que el programa, además de ecléctico, fue exigente desde lo individual a lo colectivo.
La primera parte contó con dos obras poco habituales en los atriles de una orquesta española, aunque sorprendentes en cuanto a concepto y calidad. Loch Ness “A postcard from Scotland” de la compositora y pianista escocesa Thea Musgrave es una “fantasia” para tuba y orquesta, en la que la sucesión de lenguajes atonales y tonales sirven de hilo conductor para describir los quehaceres del famoso monstruo del lago Ness que muestra sus tormentos y sus debilidades. El solista, Mario Torrijo, realizó un alarde técnico e interpretativo para destacarse como voz principal y, al mismo tiempo, integrarse con el tutti en combinaciones progresivas de música “amplia”, con pasajes de alto voltaje rítmico y sonoro y otros de melancolía risueña en los que la cuerda se presentaba como el contrapeso. Una obra muy, muy interesante.

©Foto de: Alessandro Pierozzi
Al igual que el Concierto para bombardino y orquesta de Martin Ellerby, interpretado por la joven promesa/realidad, el solista almeriense Raúl Sabiote. Una partitura que se podría tildar perfectamente como cinematográfica en el que el papel del eufonio (instrumento de viento metal del que apenas hay noticias, en su versión actual, en las orquestas) va de menos a más, mostrando preciosos contrastes entre lo lírico-melódico y lo virtuosístico. Un instrumento -cuya sonoridad es suave y pimpante, liviana e incisiva-, con el que Sabiote mostró compromiso, calidad y gusto para transcurrir por dichas veredas, perfectamente acompañado por la orquesta con un joven director a la cabeza, David Fernández, quien transmitió en todo momento esa complicidad necesaria para “crear grupo” y admitir “al nuevo alumno”, con precisas entradas y un buen equilibrio dinámico para llevar al solista al triunfo final que fue reconocido por los allí presentes. Todo un descubrimiento.
La segunda parte siguió con los aires escoceses, en este caso, de Felix Mendelssohn, con su Tercera sinfonía, op.56 “Escocesa”, una partitura dedicada a la Reina Victoria I del Reino Unido. Es evidente que ya asistimos a un lenguaje romántico de largas melodías, algunos toques nacionalistas como en el Scherzo y orquestación, aún con muchos tintes clásicos, pero más asentada en los lenguajes que estaban avanzando desde el tránsito beethoviano a los Schubert, Schumann o el propio Mendelssohn. Aunque la sinfonía comenzó a crearse unos años antes y tuvo diferentes interrupciones, el estreno se produjo en 1842 y vemos a un compositor que busca nuevos aires, más amplitud, muestra más madurez (en orden de catálogo es la tercera, pero es la última que compuso de las cinco, independientemente de sus Sinfonías para cuerdas). Su pasión por la lectura de los románticos como Goethe y su admiración por los paisajes escoceses teñidos de verdor y brumas, le embaucaron para dejarnos esta joya.
David Martinez, nuevamente, propuso al conjunto orquestal una interpretación muy marcada, sin apenas fisuras, tímbricamente muy lograda, aunque, en ciertos momentos, algo encorsetada en el aspecto dinámico, algo que no fue obstáculo para conseguir una versión más que interesante. Muy concentrado y comprometido con la difícil labor de dirigir a un “Ferrari” como es la ORTVE, el joven director se postuló como un nombre a seguir en un futuro no muy lejano, lo que viene a ratificar el gran momento de la formación orquesta en España con una hornada de magníficas promesas/realidades que muestran su talento en el ámbito nacional e internacional.
Desde este foro, nuestra más sincera felicitación a los protagonistas de esta velada que consiguieron vencer el desasosiego inicial y a Juventudes Musicales de España, presidida por la polifacética Andrea González, y a la Corporación de RTVE por estas bellas y necesarias iniciativas culturales.